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InicioModa SostenibleFASHION REVOLUTION DAY: UN CASO PRÁCTICO

FASHION REVOLUTION DAY: UN CASO PRÁCTICO

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India es un país de ingreso medio-bajo, con una población de 1.311 millones de habitantes, y una economía en crecimiento: un 7,9% de crecimiento anual del PIB en 2015 según el Banco Mundial (BM), y una proyección del 7,6% para 2017

India ocupa el puesto 131 de 188 en el Índice de Desarrollo Humano de 2016 (IDH). Su IDH es de un 0,624 (2015), habiendo mejorado un 45,7% entre 1990 y 2015. Sin embargo, cuando este dato se ajusta a la desigualdad del país, su índice se reduce hasta un 0,454, pierde un 27,2% de desarrollo y retrocede hasta la posición 135 de 151 países sobre los que se calcula este índice. De hecho, uno de los retos que India afronta es la desigualdad interna. Las diferencias de pobreza entre Estados son importantes: en las regiones menos avanzadas -Uttar Pradesh, Bihar- la tasa de pobreza es cuatro veces mayor que en las más avanzadas -Kerala, Andhra Pradesh-. (Datos del Banco Mundial)

En el país que alberga a más de la sexta parte de la población mundial, el 21,2% de las personas viven con menos de 1,90 dólares al día (2011), y un 29,4% de los menores de cinco años sufre desnutrición, con un peso inferior al normal. (Datos del Banco Mundial)  Y todo ello pese al descenso continuado de las cifras de pobreza desde los años noventa.

La inversión pública en derechos sociales esenciales es muy baja. El gasto en salud fue del 1,4% del PIB en 2014 -a modo de comparación, en España es un insuficiente 6,1%-, y de un 3,8% en educación en 2013 -frente al 3,7% de España, también insuficiente y donde la meta de parte de la comunidad educativa está puesta en el 7% del PIB (estos datos provienen de un estudio de Oxfam Intermón) -.

En cuanto al mercado de trabajo, India tiene una de las tasas de trabajadores y trabajadoras informales más altas del mundo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Entre otras consecuencias, estas personas quedan fuera del sistema de protección y seguridad social, y también de su contribución pública. Los últimos datos de empleo del país apuntan a una tasa del 51,9% en 2016, del cual un 81% es empleo vulnerable, es decir, trabajo autónomo y trabajo familiar no remunerado. El trabajo infantil entre 5 y 14 años alcanza el 12%, con el impacto que puede tener en la escolarización y educación.

En 2015, el 75% de la fuerza de trabajo estaba formada por hombres, frente al 25% de mujeres. De hecho, solo una de cada cuatro mujeres forma parte del mercado de trabajo en los países del sudeste asiático.

En este contexto, la industria textil y de la confección es un motor importante del desarrollo económico y social. India es el segundo productor textil del mundo y el tercer exportador en 2015. Este sector es uno de los pilares de su economía: representó el 4% de su PIB, el 14% de su producción industrial, y el 12% del total de sus exportaciones en 2014. Se calcula que, en menos de diez años, el volumen del sector textil se duplicará, pasando de los 108 miles de millones de dólares actuales, a 226 miles de millones en 2023. También se prevé que las exportaciones crezcan, partiendo de los 40 miles de millones de dólares de 2015-2016.

Medidas como la creación de las llamadas Zonas Económicas Especiales (SEZ en sus siglas en inglés), con incentivos a la producción y la exportación, y el apoyo explícito del Gobierno a través de subvenciones y programas de impulso económico como Make in India, hacen posible estas cifras de crecimiento.

El sector textil y de la confección es el segundo empleador del país, tras la agricultura. La industria textil empleó directamente a 45 millones de personas e indirectamente a 60 millones (2014). De ellos, el 60% son mujeres, aunque las cifras varían dependiendo del estado del que se trate. Este dato no cuenta con los y las trabajadoras de la industria textil informal; un número que se calcula elevado y en aumento, especialmente para trabajadores y trabajadoras que producen desde sus casas.

¿Quieres trabajar en el sector textil en India? Estas serán tus condiciones.

Aunque el derrumbe del Rana Plaza dio a conocer de la forma más trágica las condiciones laborales extremas de países como Bangladesh, también en India se producen vulneraciones de derechos en el sector textil. Existen faltas graves de seguridad y salud en los centros de trabajo; limitaciones al asociacionismo sindical -solo un 4% de trabajadores y trabajadoras son miembros de sindicatos-; y fuertes discriminaciones sobre colectivos concretos como mujeres, ‘intocables’ y migrantes. Puedes ver aquí más información sobre esta situación

Uno de los problemas más graves es el trabajo forzado. Aunque no es frecuente en el sector, aún se produce en la fase de tejido, donde se recluta a mujeres jóvenes a cambio de la promesa de un buen salario. La realidad es que estas trabajadoras soportan horas de trabajo excesivas, sufren casos de acoso y abuso sexual, e incluso violaciones en los centros de trabajo. La ONG READ calcula que 50.000 mujeres se ven afectadas por formas de trabajo esclavo en los 400 talleres de hilado de la región de Tamil Nadu, una de las grandes áreas productoras. En todos estos casos, existen normas internacionales, constitucionales y leyes nacionales que regulan estas materias. El problema es la falta de aplicación y control sobre las mismas.

De acuerdo con un informe elaborado por la OIT sobre condiciones de trabajo en el sector textil indio, basado en las percepciones de trabajadores y trabajadoras entrevistadas en ciudades al norte y sur del país, las principales razones por las que dejarían los talleres serían: los bajos salarios -que van unidos a hacer horas extras para aumentar los ingresos-, las exigencias de la producción y en general las malas condiciones de trabajo. En momentos de producción alta, cuando los plazos de entrega son muy limitados, solo un 20% de las personas encuestadas afirmaron no haber visto o vivido nunca una situación de amenazas o abuso. Es decir, un 80% sí han visto o vivido amenazas o abuso en sus fábricas. Este hecho parece indicar que existe cierta cultura de trato irrespetuoso y/o vejatorio entre los niveles de supervisión y las plantillas.

Aunque el 65% de las personas entrevistadas dijo que les gusta trabajar en el sector, el 88% no querrían que sus hijas e hijos trabajaran en él.

Por contraposición y por definición, el comercio justo promueve oportunidades de desarrollo y condiciones laborales dignas que respetan los derechos de las personas.

Fashion Revolution Day – hay alternativas

El fashion Revolution Day se creó para recordar a las victimas de la tragedia del Rana Plaza en Bangladesh. Es un día para mostrar al mundo que sí hay alternativas, que nos permite vestir moda que pone en el centro a las personas y al planeta.

El comercio Justo es una de esas alternativas.  El comercio justo ofrece una oportunidad de desarrollo a colectivos vulnerables, mantiene relaciones estables y transparentes con los grupos productores y proveedores, y ofrece condiciones de trabajo legales, seguras y saludables para las personas, con una remuneración ventajosa.

El comercio justo como alternativa al Fast Fashion

En este documento recogemos las vivencias de algunas personas, mujeres, migrantes rurales, sin educación y escasa cualificación, de los slums de Andheri East de Bombay. Trabajan en Creative Handicrafts (CH), una organización que ofrece una oportunidad laboral para que tengan independencia económica. Desde ahí, desarrollan autonomía y respeto frente a ellas mismas, sus familias y la sociedad.

En su experiencia, destacan dos palabras: libertad y poder. Quizá éste sea el mayor cambio que el comercio justo provoca en sus vidas.

Productora de Comercio Justo con un cartel del Fashion Revolution Day , preguntando quién hizo tus prendas?

Al menos en las de Shakuntala, Guddiya y Anjali, trabajadoras de Creative Handicrafts.

Shakuntala-Sanjay es viuda y tiene una hija de 21 años. Entró con 22 años en Creative Handicrafts, sin haber ido nunca a la escuela ni saber coser. Hoy tiene 44 años y es responsable de un grupo de confección de 18 trabajadoras.

Guddiya-Subhash tiene 26 años. Se casó con 15, aunque la edad legal para contraer matrimonio en India son los 18 años. Tiene una hija y dos hijos, y lleva dos años trabajando en CHreative. Tampoco fue a la escuela, aunque aprendió a coser en el pueblo donde nació. Trabaja en el grupo que Shakuntala coordina, y le gusta coser.

Anjali Tapkire representa otra experiencia exitosa de desarrollo personal y colectivo. Entró con 18 años en Creative Handicrafts. Hoy tiene 52 años, ha sido directora de Creative y actualmente coordina uno de los 13 grupos cooperativistas.

El comercio justo no solo ofrece un trabajo, sino que además es digno. Shakuntala y Guddiya tienen un horario laboral convencional, de 9.30 a

imagen con productora de Creativa, cooperativa de mujeres de comercio justo en Bombay
Guddiya-Subbash en su puesto de trabajo
©CreativeHandicrafts

17.30h, con un descanso pautado: tienen una pausa para comer y otra para el té. Cuentan con bajas por enfermedad y un seguro específico de salud -que es lo legal en India, pero que sea legal no significa que siempre se cumpla-. Pese a las normas sociales que tienden a mantener a la mujer dentro del hogar, sus maridos están de acuerdo con que ellas trabajen fuera de casa porque Creative Handicrafts es un lugar seguro.De acuerdo con las entrevistas mantenidas, la causa del cambio en sus vidas ha sido el acceder a un trabajo y, por tanto, a unos ingresos. Es importante recordar que son mujeres que, por su situación de marginación y pobreza, no tendrían casi ninguna otra posibilidad de trabajar. Es significativo que ellas mismas digan que no conocen a nadie de su entorno que trabaje en las fábricas textiles convencionales. Porque para trabajar ahí se exige una formación y cualificación que ellas no tienen. Sus opciones laborales, si existen, se reducen al sector doméstico -informal, inestable, muy mal pagado-. No hay nada más en Andheri East para ellas: la pobreza absoluta, o Creative Handicrafts.

 

Condiciones de trabajo similares, seguras y saludables, y remuneraciones beneficiosas están documentadas en otros grupos productores como Rajlakshmi Cotton Mills Ltd., principal proveedor de textil de Oxfam Intermón en España y de la marca Veraluna. Con sede en Calcuta (West Bengal), es una empresa que emplea a 500 personas y utiliza algodón orgánico y de comercio justo en el 80% de su producción. Sus condiciones de remuneración incluyen contribuciones a fondos de pensiones, pago de dietas y gastos de viaje, o facilidades como guarderías y atención médica en los centros de trabajo. Vale la pena recordar que, si desglosamos el precio de una camiseta de comercio justo y lo comparamos con el de una camiseta del comercio convencional, los costes laborales representan un 1.200% más en la camiseta de comercio justo que en la del comercio convencional.

El trabajo digno y los ingresos importan porque permiten cubrir necesidades básicas –“las mujeres pueden comer cosas buenas” (Anjali)-, y tener ciertos ahorros: Guddiya empezó hace 6 meses a ahorrar unas 1.000 rupias al mes -unos 14€-, fundamentales para hacer frente a imprevistos. Les permite pedir un préstamo al banco para alquilar una casa mejor, con un aseo, en una zona más limpia, segura y saludable del slum (Shakuntala, Anjali). Les permite “libertad; poder decidir (…), no depender de nadie, ni siquiera de mi marido” (Guddiya). Libertad para decir “no” a un segundo matrimonio tras quedar viuda, y hacer su propia vida con su hija pequeña. “Porque ahora estoy en Creative y tengo mi trabajo y mi dinero (…). No necesito nada más” (Shakuntala).

Por último, te invitamos a saber más sobre slow fashion en este post de este mismo blog

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