COMERCIO JUSTO & GÉNERO: el caso de las 3.000 mujeres de la cooperativa ACPCU en Uganda
¿Cómo empezó todo?
Sergi García, uno de esos tipos que trata de hacer las cosas de la manera más coherente posible con los valores, escribió hace unos años: “escuchar se reveló como nuestra mejor aportación”. Se refería a un viaje que hizo a Uganda con la idea de proponer un programa de género a la Unión de Cooperativas de Productores de Café de Ankole (ACPCU). Se trataba de plantearles unas actividades que tenían como orientación la mayor y mejor escolarización de las niñas en la zona. La propuesta era consecuencia de un estudio previo que había entrevistado a 172 mujeres productoras y tenía además unos fuertes vínculos con diferentes estrategias de trabajo en género que suelen manejar las agencias para las zonas rurales de África. Tuvo también el visto bueno de la dirección de la Unión de Cooperativas. Apenas faltaba aterrizar algunos detalles, importantes, pero sin duda superables. Fue entonces cuando Sergi pensó en reunirse con unas cuantas mujeres y explicarles la idea. Por si aportaban alguna solución sobre esos detalles sin resolver. Y entonces ocurrió. Tras escuchar atentamente la explicación y tras insistir en que opinasen, por favor, sin ningún temor y con total libertad, las cuatro mujeres cuchichearon un rato y finalmente plantearon otro programa totalmente diferente: un programa de gestión de microcréditos entre las mujeres. En apenas unos minutos, sin estudio previo, sin metodología académica, sin powerpoint, … pero con mucho sentido común y mucho conocimiento del contexto, habían articulado una propuesta claramente mejor que la inicial.
Cuatro años después, el proyecto es una realidad exitosa.
Ankole es el nombre que tuvo un antiguo reino bantú que hoy se situaría básicamente en los actuales departamentos de Mbarara[1] y Buseny, al sur de Uganda (marca azul del mapa). A principios del siglo XX se incorporó al protectorado británico de Uganda. Y tras la independencia (1962) y la dictadura de Ibi Amin (1971 – 1979), el viejo reino quedó diluido en la actual división departamental. Mantiene, eso sí, una lengua propia, el ruyankole, y un particular sentido del trabajo comunitario.
El contexto actual de esta región es bastante representativo de muchas otras en el África rural. Con una superficie similar a una provincia española, el viejo reino de Ankole cuenta con una población de unos 700 mil habitantes. La agricultura es la base de la actividad económica, mayoritariamente pensada para el auto-sustento o para la comercialización a escala local. No es habitual la agricultura de exportación.
El café no es un producto tradicional de Uganda, pese a su cercanía con Etiopía, el país considerado cuna del café. Fue durante los años de protectorado británico cuando se trató de extender su cultivo con una clara orientación a la exportación[2]. Luego quedó bastante abandonado y sin apenas infraestructuras que permitieran su explotación. Tras la dictadura, el café ha ido cobrando importancia y actualmente es el principal rubro de exportación del país. Y en buena medida, su cultivo se da en minifundios que se esparcen por las montañas del sur y del norte del país. Los procesos de transformación requeridos por el café para poder expórtalo han sido la justificación de la existencia de pequeñas asociaciones (societies) en las que los campesinos aúnan esfuerzos y procesan conjuntamente. Las técnicas de cultivo en esta zona de Uganda eran bastante poco productivas.
En 2006, con apoyo entre otros de Oxfam, se creó la Unión de Cooperativas (ACPCU) para dotar a 10 de aquellas societies de recursos suficientes para exportar y para certificarse en cultivo ecológico y en Comercio Justo (Fairtrade). Ese 2008, Oxfam Intermón compró una de sus primeras ventas directas.
En 2010 hicimos un estudio[3] en el terreno que reveló los primeros datos sobre la cadena de valor del café de Comercio Justo y también sobre la situación de las mujeres. Se revelaba que las familias que pertenecían a la Cooperativa tenían un medio de vida más sostenible y más oportunidades de desarrollo. Pero también se hacía patente que las mujeres no disfrutaban, ni en su niñez ni en su vida adulta, de las mismas oportunidades. La cultura y la tradición no les eran favorables.
Posteriormente, en 2014, hicimos el cuestionario que referíamos al principio y que arrojó resultados como los siguientes:

Y en la pregunta abierta del final (“haznos alguna sugerencia sobre cómo la cooperativa podría apoyar mejor a las mujeres campesinas”), las respuestas más repetidas fueron a propósito de más formaciones sobre mejora del cultivo, seguidas de las que reclamaban apoyo en el pago de la matrícula de la escuela de las hijas e hijos. Como consecuencia, elaboramos la propuesta de las becas –la que Sergi les explicó en aquel día de tanto aprendizaje para nosotros–. Y ahí nació la idea de los grupos de ahorro y los préstamos entre ellas.
La lógica de impacto que pretende el programa: los “Saving Groups”
Marie Fonsale, nuestra responsable de ventas de Comercio Justo en canales externos, ha visitado recientemente ACPCU y nos ha proporcionado muy buena información sobre cómo están funcionando. Los Saving Groups (grupos de ahorro) los forman las mujeres que quieren y son miembros de una de las societies. Los Grupos de Ahorro se constituyen oficialmente y crean sus propios estatutos y funcionamiento. Suelen funcionar con tres cargos (presidenta, vicepresidenta y secretaria). Todas las mujeres aportan un nivel similar de ahorros que se integran en un fondo común. El fondo también se nutre con una “prima de género” y con otros fondos que veremos en el siguiente epígrafe.
El grupo se reúne regularmente y cualquiera de las miembros puede pedir un crédito para financiar alguna idea. Debe convencer al grupo y acordar el importe, el plazo y el interés que dejará (bastante simbólico). No hace falta garantía porque la propia pertenencia al grupo supone un compromiso mayor que el que pudiera ofrecer un aval. La prueba es que, tras más de tres años de funcionamiento y habiendo actualmente 20 grupos de ahorro en marcha, no ha habido insolvencias.

Slawek Jurczyk, Fabio Testa, Richard Schumann, Juan Pablo Bravo (Nunoproject.com)
Entre las utilidades que nos han explicado las mujeres que le dan a los préstamos, destacan la compra de insumos para el cultivo y el pago de las tasas de escolarización. Y en menor medida, la financiación de pequeños negocios (producción de artesanías, fabricación de vino, compra de cabras, …). Todos los préstamos serían imposibles sin este sistema, porque un banco no se lo concedería –o lo haría con un interés y unas garantías inviables–. También existen figuras de prestamistas informales, pero los intereses suelen rayar la usura. En definitiva, y por primera vez en la mayoría de los casos, las mujeres están teniendo la oportunidad de financiar ideas que antes no hubieran podido, con todo lo que esto tiene de mejora en los medios de vida y superación en la autorrealización personal.
Pero siendo muy importantes, es posible que los principales impactos no sean estos. En las charlas realizadas por varios de estos grupos con Marie, han aparecido impactos añadidos muy interesantes:
- Los ahorros están ahí, y no se gastan. Antes, solía gestionarlos el marido. En fin.
- Varias mujeres han comentado que ahora, con su marido, juntan el dinero ganado en su pequeña práctica agrícola y deciden cómo gastarlo. Se consigue más confianza en la pareja.
- La participación en el grupo aumenta también la participación en la gestión de la society y, con ella, el mejor conocimiento de la gestión del café. De su café. Se comparten mucha información técnica entre ellas.
- Y ligado con lo anterior, están renovándose mucho las ideas sobre cómo invertir la prima social del Comercio Justo. Las ideas de las mujeres suelen orientarse a la educación.
- El grupo se consolida y al reunirse, puede estar tratando temas de interés para todas ellas. Asistir a las reuniones del grupo es una oportunidad de desarrollo en sí misma. Leo García, nuestra responsable de monitoring, cuenta que cuando estuvo en 2016, una de las mujeres explicaba “antes, podía pasar meses sin salir de mi casa, en cambio ahora con el grupo, cada mes me arreglo con mis mejores ropas y voy a la society y me encuentro con otras mujeres, charlamos y nos reímos”.
- En varios grupos han hablado sobre la importancia de los testamentos y que haya un reparto igualitario de tierras entre los hijos y las hijas.
- Cuando preguntamos a las mujeres si les gustaría que sus hijas, cuando sean mayores, sean también cultivadoras de café, contestan: “sí, y seguro que lo harán mejor que nosotras, gracias a los conocimientos que están adquiriendo en la educación que nosotras no tuvimos”.
- La reunión del grupo, si está acompañada de un técnico de extensión agraria de ACPCU, suele aprovecharse también para alguna formación técnica sobre el cultivo del café. Especialmente útiles están resultando las últimas sobre prevención de algunas plagas que se están propagando por la zona.
- El programa de género del café, a nivel agrario, requiere la trazabilidad del café para poder asegurar a los consumidores y consumidoras que se trata de un café proveniente de fincas trabajadas por ellas. Ese requerimiento ha provocado, en muchos casos, que se haya diferenciado la parte de finca que trabaja ellos de la que trabajan ellas. Y al hacerlo, las mujeres se están capacitando más de lo que lo habían hecho hasta ahora. Y empoderando.
Todo esto combinado está produciendo un cambio de nivel cultural y de protagonismo de las mujeres muy importante. Y se está haciendo a su ritmo, con sus prevenciones, pero con sus determinaciones. Pero sin una interferencia externa que podría complicar el calado de los cambios.
La lógica de financiación y sostenibilidad del programa: el café Tierra Madre Mujer

El programa tiene una deliberada forma de financiación a través del propio café. En concreto, la gama de cafés Tierra Madre Mujer, se forma con cafés de origen de Nicaragua, la parte arábica proveniente de la cooperativa Aldea Global[4], y este de Uganda que aporta la parte robusta del café, que solemos decir que le da cuerpo y fuerza al café (excepto en la variedad Arábica que sólo tiene Nicaragua).
La financiación del programa a través de un producto persigue dos lógicas fundamentales:
- Que la transformación social sea con un componente de medio de vida, porque desde ahí se puede trabajar la autonomía económica o, al menos, la capacidad de mantenerse que actúa como protección de la vulnerabilidad de las mujeres en tantas otras dimensiones.
- Que en este proceso de cambio nos podamos involucrar también mujeres y hombres de aquí. Pensando tanto en el voluntariado como en la clientela, la idea de apoyar de manera directa los cambios que se están produciendo en Uganda –y en Nicaragua– es muy sugerente y además ayuda a la fidelización.
En este sentido, recordemos lo que publicamos en nuestra revista de septiembre de 2015 sobre el café Tierra Madre Mujer de Uganda. En aquel reportaje, además de explicar la orientación del programa en aquel momento que echaba a andar, incluíamos esta tabla. Es muy ilustrativa de los cambios que suponía este café en términos de ingresos para las mujeres, en comparación con la venta convencional del café.
Es decir, el Comercio Justo paga un precio mínimo que, en el caso de Uganda, siempre está por encima de lo que paga el mercado convencional; y sobre esto, identificamos en este café hasta tres
primas más:
- la propia de Comercio Justo que en este caso es de unos 20 centavos de dólar por cada libra de café y que está destinada a financiar proyectos de desarrollo comunitario que se votan en las asambleas de las societies
- la prima ecológica que reconoce las prácticas agrícolas respetuosas con el medio ambiente –especialmente importantes en ecosistemas tan frágiles como el bosque húmedo–
- y la prima de género de 7 centavos de dólar por libra de café, que paga la organización importadora –en este caso, Oxfam Intermón– para dotar de recursos al programa de género.
En total, las mujeres campesinas del programa de género de ACPCU están recibiendo 0,70 € por 250 gramos de café, que comparan con los 0,25€ que estarían cobrando en el mercado convencional[5].
En términos generales, los grupos de ahorro de las societies están manejando un capital de entre 30 y 50 millones de chelines ugandeses (entre 7 mil y 12 mil euros). Esos capitales están contribuidos por los siguientes ingresos:
- Capitalización inicial, donada por ACPCU y por Oxfam Intermón y que en buena medida es dinero aportado por TRIODOS BANK –que a su vez lo recauda de las aportaciones de sus depositarios en las llamadas “cuentas justas”, productos de ahorro que permiten a los ahorradores elegir a qué ONG quieren destinar las comisiones que conlleva la cuenta. Es muy interesante que al final, haya esta conexión entre estas herramientas de ahorro, en España y en Uganda. En 2017 también consiguieron aportaciones de Gepa, la organización alemana de Comercio Justo con la que tenemos una estrecha relación.
- Aportaciones de las socias que están colocando parte de sus ahorros en estos fondos. Tienen unos pequeños intereses por los depósitos.
- Contribución regular desde la prima de género del café, de forma proporcional a la cantidad de café que consiguen las socias cada año. Es una conexión entre el ahorro y la productividad, muy interesante en términos de la sostenibilidad del programa.
- Intereses de los préstamos concedidos, que no son muy significativos en monto –aproximadamente un 1% del capital concedido– pero con gran valor en términos del compromiso entre ellas.
La situación actual
ACPCU es una organización con cierto avance en temas de género, teniendo en cuenta el contexto del país, como demuestra que sus estatutos se asegure un mínimo de 2 mujeres en su junta directiva, que varias de las societies tienen a una mujer como presidenta, o que entre los miembros de las societies haya aproximadamente un tercio de mujeres de pleno derecho (unas 3.000 mujeres). Estos indicadores tienen un gran valor en un contexto como el del medio rural en Uganda.
A nivel estatal, la estrategia del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en cuanto a la equidad de género en Uganda[6] está orientada específicamente a empoderar a las mujeres para mejorar sus medios de vida, y aspira a que se consiga a través de la capacitación, de las modificaciones legales y de la promoción de emprendimientos gestionados por mujeres, especialmente en agricultura.
El programa de género, tres años después de su creación, puede considerarse consolidado. Durante estos años ha conseguido que las 20 societies cuenten con su grupo de ahorro, y no ha sido un trabajo exento de dificultades en algunos casos. Ha requerido un gran esfuerzo pedagógico y sensibilizador por parte del equipo técnico del programa. Pero, desde luego, ahora es un logro destacable.
También son importantes las acciones de sensibilización en términos de igualdad de género. En la última ronda de formaciones –en verano de 2018– se alcanzó a 1.300 mujeres y a 1.000 hombres, según el informe de seguimiento del programa.
En las entrevistas que Marie ha ido teniendo con los grupos de ahorro se encuentran argumentos importantes para valorar la situación actual. A continuación, resumimos algunos de estos testimonios:
- “pertenecer al grupo de ahorro nos permite comprendernos mejor entre nosotras”
- “las mujeres ahora sabemos mucho más sobre cómo gestionar nuestros cafetales”
- “con el préstamo, puedo pagar las tasas escolares, y lo devuelvo cuando cobro el café; antes tenía que malvender el café a un coyote para poder pagarlas”
- “antes tenía que pedir dinero a mi marido para muchos gastos, ahora incluso él me da dinero para que lo ahorre en el grupo”
- “he conseguido incrementar mi producción de 3 a 5 sacos por cosecha”
- “he comprendido cuáles son las ventajas de mejorar la calidad del café al cultivarlo, al cosecharlo y al procesarlo”
- “he ganado en autoestima” (lo dijo de otra manera, pero con este sentido)
- “pedí un préstamo de 1 millón de chelines, pero sólo me concedieron medio”
- “hay otras mujeres que no tienen tierra y no pueden ser miembros”
- “culturalmente la tierra es de los hombres; nos costará mucho cambiar esto”
Los desafíos del futuro
Decíamos que la valoración conjunta del programa de género en ACPCU es muy positiva. Sin embargo, es saludable que se pueda realizar una visión de futuro con cierto criticismo. Porque los desafíos siguen siendo enormes para las mujeres, tal como se revela en los testimonios anteriores.
- El mercado del café de género –en nuestro caso del Tierra Madre Mujer– es pequeño. Esto ocasiona que se trabaje con pocas economías de escala y por tanto con altos costes unitarios. Desde ACPCU deben tratar de encontrar otros clientes en Europa y en Estados Unidos que valoren este producto; y desde Oxfam Intermón debemos tratar de divulgar más y mejor el producto para conseguir que más personas lo compren y aumenten así la base de sostenibilidad del programa de género.
- Aunque los avances son evidentes, ACPCU requiere un apoyo especializado en trabajo de género en el medio rural. No es un tema fácil porque los limitantes culturales son muy fuertes, pero hay experiencias en otras zonas del país y otros países del entorno que están progresando. Es importante que ACPCU asuma con más fuerza aún este desafío de la inequidad de género. En este sentido, se han pactado algunos pasos concretos:
- Reforzar la figura del Comité de Género –órgano máximo responsable del programa– y estamos optimistas con los cambios que pueda impulsar.
- Formación específica en género para el equipo directivo y equipo técnico.
- Contratación puntual de expertas en género del país.
- El cultivo del café tiene cada año nuevas amenazas, especialmente por plagas. Responder a esto no es fácil porque requiere de mucha capacidad tanto en los conocimientos de los técnicos y técnicas de extensión agraria, como en la divulgación de las soluciones o medidas preventivas.
- La participación de la mujer en los mecanismos de toma de decisiones de la cooperativa es todavía un desafío. Aunque se ha visto una evolución en el número de mujeres representantes de las societies, todavía estamos lejos de una equidad real en los espacios de decisión.
Puedes encontrar estos cafés en las tiendas de Oxfam Intermón y en nuestra tienda online
Artículo escrito por Marie Fonsale, responsable de ventas de Comercio Justo, Juanjo Martínez, responsable de Tiendas de Comercio Justo y Leonor García Dios, técnica en monitoreo de grupos productores.
[1] Como curiosidad, la directora general de Oxfam, Winnie Byanyima, nació en Mbarara.
[2] Para visualizar este proceso, podemos pensar en el contexto de la película Memorias de África, cuando el personaje de Meryl Streep empieza a plantar café de manera rupturista con la tradición. Y en contra de las recomendaciones que los hombres le hacían.
[3] Ver ESTUDIO SOBRE LA CADENA DE VALOR DEL CAFÉ UGANDÉS DE COMERCIO JUSTO de Ana Romero.
[4] Este café también financia el programa de género en Aldea Global (Nicaragua) que comparte con Nicaragua la forma de financiarse y también que trabaja las cuestiones de género, pero, a partir de ahí, son programas muy diferentes. El de Nicaragua viene trabajándose desde 2011 y centra sus actividades en la titularidad de la tierra y en la sensibilización tanto de hombres como de mujeres. Y también es destacable que la cooperativa ya está vendiendo este café con este enfoque a otras organizaciones diferentes de la nuestra.
[5] Los datos son resultado del cálculo efectuado en 2015 sobre el terreno.
[6] http://www.ug.undp.org/content/uganda/en/home/ourwork/womenempowerment/overview.html



